
ExxonMobil reduce el ritmo de inversión en bajas emisiones por la débil demanda y políticas “mal diseñadas”
Desafío Energético
En una entrevista concedida al Financial Times, el director ejecutivo de la compañía, Darren Woods, explicó que las proyecciones asumidas cuando Exxon definió un presupuesto de 30 mil millones de dólares hasta 2030 para oportunidades de bajas emisiones “no se han cumplido”.
“No hay suficientes clientes dispuestos a comprar hidrógeno o biocombustibles, y las políticas climáticas diseñadas para apoyar la descarbonización, francamente, no están funcionando”, afirmó Woods.
El ejecutivo habló desde São Paulo, durante un evento previo a la COP30, que se celebrará en Brasil la próxima semana. Según explicó, la empresa ajustará su inversión “en función de la velocidad con que evolucionen el mercado y las políticas”.
“Vamos a acompasar ese gasto según el ritmo de la transición del mercado y las políticas”, señaló.
Una compañía rentable, pero cautelosa
Pese a su postura prudente, ExxonMobil se mantiene entre las empresas más rentables del mundo. En 2024 reportó ganancias netas por US$ 33,7 mil millones, un flujo operativo de US$ 55 mil millones y un gasto de capital total de US$ 27,6 mil millones.
El plan de inversión anunciado el año pasado para tecnologías bajas en carbono —como hidrógeno, captura y almacenamiento de carbono (CCS) y litio— multiplicó por diez el compromiso de 2021, superando a Shell y BP en gasto proyectado, según datos de Wood Mackenzie.
Sin embargo, Woods reconoció que el contexto regulatorio y de mercado no genera condiciones estables:
“Las políticas de emisiones de carbono se parecen mucho a economías planificadas centralmente —piense en Corea del Norte, Alemania del Este, la Unión Soviética o Cuba—. Hoy los gobiernos están dictando cómo debe lucir la solución”, sostuvo.
Críticas a la política pública y propuestas
Woods apuntó que muchas políticas gubernamentales se enfocan en promover nuevas infraestructuras en lugar de aprovechar las refinerías existentes para producir combustibles más limpios.
“Podríamos incorporar insumos biológicos a esas refinerías y fabricar biocombustibles de bajo carbono con el equipamiento que ya tenemos. Es la solución correcta para la sociedad: disponible hoy, más barata y con descarbonización más rápida. Pero los gobiernos excluyen esa posibilidad, así que no podemos hacer esas inversiones”, señaló.
El CEO planteó además la necesidad de crear un sistema de medición global que permita calcular con precisión la intensidad de carbono de los productos, reemplazando los modelos actuales basados en subsidios o en la imposición de tecnologías específicas.
“Eso sacaría a los gobiernos del negocio de dictar soluciones, de recaudar y redistribuir impuestos, y los enfocaría en lo que realmente importa: los resultados. Esa, creo, es la solución a largo plazo”, añadió.
Visión geopolítica y perspectiva hacia la COP30
Woods recordó que, tras la elección de Donald Trump el año pasado, instó sin éxito al presidente estadounidense a mantener a Estados Unidos dentro del Acuerdo de París, el pacto global que busca limitar el calentamiento a 1,5 °C.
“Entonces, y aún hoy, creo que tener a Estados Unidos en la mesa, debatiendo cómo reducir emisiones sin comprometer el crecimiento económico ni el nivel de vida, es fundamental”, afirmó.
Durante el Foro de Innovación Sostenible celebrado en São Paulo, Woods reconoció no ser “optimista” respecto de los desafíos de la transición energética, aunque expresó su esperanza de que la próxima COP30 genere medidas concretas y sostenibles.
Un giro estratégico con repercusiones globales
La decisión de ExxonMobil llega en un contexto de creciente presión internacional sobre las grandes petroleras para acelerar sus compromisos de descarbonización. Sin embargo, el mensaje de Woods deja entrever una visión más pragmática: invertir donde haya mercados viables y políticas previsibles.
Para países y regiones productoras de energía, este anuncio representa tanto una advertencia como una oportunidad: sin marcos regulatorios claros y demanda real, las inversiones en tecnologías bajas en carbono seguirán dependiendo de la rentabilidad más que del discurso ambiental.
Fuente: Financial Times


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