
Vaca Muerta frente al espejo del Permian: la geología alcanza, los costos todavía no
Desafío EnergéticoVaca Muerta tiene cada vez menos que demostrar debajo de la superficie. El nuevo estudio elaborado por el Instituto Argentino del Petróleo y del Gas a pedido de la Secretaría de Energía elevó a 30.170 millones de barriles la estimación de petróleo técnicamente recuperable de la formación, un 89% más que el cálculo internacional de referencia realizado en 2013. El problema comienza cuando ese petróleo debe convertirse en un negocio capaz de competir internacionalmente.
Desde hace tiempo, el propio Gobierno nacional reconoce que producir y desarrollar Vaca Muerta continúa resultando más caro que hacerlo en el Permian, la enorme región shale de Texas y Nuevo México que se convirtió en la principal referencia mundial de la industria no convencional. El secretario coordinador de Energía y Minería, Daniel González, había cuantificado públicamente esa diferencia en alrededor del 35% y, durante 2026, distintos análisis técnicos volvieron a ubicar la brecha en ese orden.
Esto no significa que cada pozo argentino cueste exactamente un 35% más que uno estadounidense ni que todos los servicios tengan la misma diferencia. Los costos cambian según operador, área, longitud de rama lateral, cantidad de etapas de fractura, equipamiento y productividad, por lo que ese porcentaje funciona más bien como una medida general de una desventaja competitiva que la propia industria reconoce. La discusión importante, entonces, es otra: ¿por qué Vaca Muerta todavía cuesta más si sus pozos pueden competir en productividad con los mejores desarrollos de Estados Unidos?
El problema de la escala
La primera respuesta está en el tamaño. Estados Unidos produjo un récord de aproximadamente 13,6 millones de barriles diarios durante 2025 y solamente el Permian aportó alrededor de 6,6 millones, mientras que Argentina juega todavía en otra dimensión.
Una industria de semejante tamaño permite que cientos de empresas compitan por perforación, fractura, transporte, productos químicos, tubulares, arena, mantenimiento, tecnología y prácticamente cada servicio que requiere un pozo. Cuanto mayor es la cantidad de equipos y contratos en disputa, mayor es también la presión competitiva sobre los precios.
Vaca Muerta está creciendo rápidamente, pero todavía no posee esa profundidad de mercado, y allí aparece una paradoja difícil de resolver: para bajar costos necesita aumentar la escala, pero para aumentar rápidamente la escala necesita primero ser más competitiva.
Miles de kilómetros arriba de cada pozo
La logística explica otra parte de la diferencia. Una operación de fractura consume enormes cantidades de arena, agua, combustible, productos químicos y equipos, y buena parte de esos insumos debe recorrer cientos o incluso más de mil kilómetros antes de llegar a la locación.
El caso de la arena es probablemente el ejemplo más visible. Gran parte de la utilizada en Vaca Muerta continúa llegando desde Entre Ríos, lo que significa trasladar millones de toneladas hasta Neuquén por rutas durante aproximadamente 1.200 kilómetros. No es simplemente un problema de distancia: cada kilómetro incorpora combustible, camiones, conductores, mantenimiento, neumáticos, seguros, tasas y tiempo.
El Permian posee, en cambio, una gigantesca cadena industrial desarrollada alrededor de sus propios yacimientos, una ventaja que Argentina no puede eliminar mediante una decisión administrativa porque requiere infraestructura, escala y años de desarrollo.
Los impuestos también entran al pozo
La estructura tributaria constituye otro componente. Una empresa petrolera no paga solamente impuestos nacionales; a lo largo de su cadena aparecen tributos provinciales, municipales, tasas y cargas que se acumulan sobre bienes y servicios. Algunos tienen un impacto individual pequeño, pero el problema aparece cuando se suman durante toda la cadena de producción.
Por eso, cuando se habla de competitividad, reducir el costo de Vaca Muerta no depende únicamente de negociar un precio más bajo con una empresa de servicios, sino que también involucra al Estado nacional, las provincias y los municipios.
El RIGI intenta atacar parte de este problema para las grandes inversiones mediante beneficios fiscales, aduaneros y estabilidad de largo plazo. Pero esa ventaja abre otra discusión: mientras las grandes inversiones acceden a instrumentos especiales para reducir costos, las pequeñas y medianas empresas que forman parte de la cadena continúan operando dentro de la estructura tributaria general.
El límite de trasladar el ajuste hacia abajo
Este punto adquiere particular importancia en Neuquén. Durante las últimas semanas quedó expuesta la tensión alrededor de los costos cuando Halliburton comunicó a proveedores de la Cuenca Neuquina un pedido de reducción de hasta el 23% sobre contratos vigentes.
Las cámaras empresarias, el gremio petrolero y distintas organizaciones reaccionaron señalando que semejante reducción podía resultar imposible de absorber para empresas con márgenes considerablemente menores. El episodio pone sobre la mesa una cuestión que Vaca Muerta deberá resolver si pretende competir internacionalmente: reducir costos es inevitable, pero bajar el costo total del sistema no es necesariamente lo mismo que pagarle menos al último eslabón de la cadena.
Si una gran compañía consigue reducir un contrato trasladando la pérdida a una pyme, el costo contable del operador puede disminuir, pero la eficiencia estructural de Vaca Muerta no necesariamente mejora. La contratista puede responder reduciendo inversiones, postergando mantenimiento, disminuyendo personal o directamente abandonando la actividad, con el riesgo de que el resultado termine siendo una cadena industrial más débil.
Tampoco todo pasa por los salarios
El costo laboral aparece habitualmente dentro de la comparación con Estados Unidos. Las operaciones neuquinas requieren estructuras de personal, sistemas de turnos, traslados y alojamiento diferentes a los utilizados en algunas cuencas estadounidenses, y eso tiene incidencia económica y forma parte de cualquier análisis serio de competitividad.
Sin embargo, convertir el problema completo de Vaca Muerta en una discusión salarial sería una simplificación. Si la brecha incluye escala industrial, equipamiento, logística, infraestructura, impuestos, financiamiento y competencia entre proveedores, concentrar todo el esfuerzo sobre trabajadores y contratistas no elimina las otras causas. La competitividad necesita abarcar la cadena completa.
El Permian tiene algo que Vaca Muerta todavía está construyendo
Hay además una diferencia que suele quedar escondida detrás de las planillas. Estados Unidos lleva décadas formando un ecosistema petrolero de enorme profundidad alrededor de Texas, donde empresas de servicios, fabricantes, universidades, centros tecnológicos, proveedores financieros y operadores compiten dentro de un mercado que puede sostener especializaciones extremadamente específicas.
Vaca Muerta está construyendo ese ecosistema prácticamente mientras aumenta su producción. Eso explica parte de la diferencia de costos, pero también muestra dónde existe una oportunidad: si el desarrollo neuquino sigue creciendo, nuevas empresas pueden instalarse cerca de los yacimientos, aumentar la competencia, sustituir importaciones y reducir distancias logísticas. La escala puede convertirse gradualmente en una herramienta para bajar costos.
La productividad ya demostró que puede mejorar
La experiencia de la última década aporta un dato relevante: la industria argentina ya consiguió reducir drásticamente tiempos de perforación, aumentar la longitud de los pozos y multiplicar la cantidad de etapas de fractura. Es decir, la brecha no es inamovible.
El aprendizaje operativo permitió que una formación que inicialmente era considerada costosa y compleja se convirtiera en el principal motor de crecimiento petrolero de Argentina. Ahora comienza una segunda etapa en la que ya no alcanza solamente con producir más: habrá que producir más barato.
La batalla que viene es por el capital
Existe una razón adicional para mirar esta diferencia. Cada dólar invertido en Vaca Muerta compite contra proyectos petroleros de otras partes del mundo, porque una petrolera internacional puede comparar Argentina con Estados Unidos, Guyana, Brasil o Medio Oriente antes de decidir dónde colocar su próximo dólar.
Una diferencia del 35% puede parecer manejable en unos pocos pozos, pero cuando el desarrollo requiere miles de perforaciones y decenas de miles de millones de dólares durante décadas se transforma en una cifra gigantesca. Allí aparece la verdadera importancia de la competitividad: Vaca Muerta no necesita solamente petróleo, necesita capital para extraerlo.
La geología ya hizo su parte
El nuevo cálculo de 30.170 millones de barriles técnicamente recuperables refuerza una certeza: el recurso existe y su dimensión es extraordinaria. La discusión se trasladó definitivamente desde el subsuelo hacia la superficie, porque la pregunta ya no es si Vaca Muerta tiene petróleo suficiente, sino cuánto cuesta sacarlo, transportarlo y colocarlo en el mercado mundial.
Argentina tiene algunas desventajas difíciles de modificar rápidamente, principalmente la escala y la distancia. Otras dependen directamente de decisiones empresariales y políticas: infraestructura, impuestos, competencia, financiamiento, regulación y desarrollo de proveedores.
Cerrar la distancia con Permian será indispensable para convertir el potencial geológico en exportaciones sostenidas durante décadas, pero existe una diferencia fundamental entre reducir costos y simplemente trasladarlos.
Si la eficiencia se obtiene mediante tecnología, infraestructura, escala, mejores procesos y mayor competencia, Vaca Muerta será más fuerte. Si se intenta conseguir solamente presionando salarios y márgenes de las empresas pequeñas, el número puede mejorar en una planilla mientras se debilita la cadena productiva que debe sostener el crecimiento.
La roca ya demostró lo que puede ofrecer. Ahora la competencia se juega arriba del suelo.


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