Inversiones sin industria: cuando el capital llega, pero el desarrollo no

El reciente análisis del Financial Times sobre la Argentina de Javier Milei deja una conclusión tan incómoda como reveladora: la inversión extranjera directa no volvió de manera sostenida, y cuando aparece, se concentra casi exclusivamente en sectores extractivos. El dato es objetivo; el problema es estructural.

Actualidad02/01/2026 Por Adrián Giannetti
Extractivismo vs industria

Según el diario británico, 2025 cerró con inversión extranjera directa neta negativa, algo que no ocurría desde 2003. Pero más allá del número, lo que importa es la calidad de la inversión que sí llega. Y ahí aparece una advertencia que rara vez ocupa el centro del debate público: no toda inversión genera desarrollo, empleo ni valor agregado.

El sesgo extractivo del “modelo que viene

El Financial Times identifica con claridad que energía y minería son prácticamente las únicas áreas que despiertan interés inversor. No es casualidad. Son sectores donde la Argentina ofrece ventajas naturales —litio, cobre, petróleo, gas— y donde el capital global busca asegurar recursos estratégicos en un contexto de transición energética y tensiones geopolíticas.

El problema es que ese tipo de inversiones no reemplaza al entramado industrial. La industria manufacturera, los servicios intensivos en conocimiento y las economías regionales —los grandes motores históricos del empleo— siguen ausentes del radar inversor, incluso bajo un gobierno que se presenta como el más pro-mercado de las últimas décadas.

Vaca Muerta como síntoma, no como excepción
En Neuquén, este fenómeno se ve con nitidez. Vaca Muerta concentra miles de millones de dólares en inversiones, récords de producción y anuncios constantes. Pero también exhibe el límite del modelo: enorme volumen de capital, relativamente pocos puestos de trabajo directos y escaso efecto multiplicador fuera del sector.

Para ponerlo en perspectiva:

  • Un proyecto industrial suele generar empleo directo e indirecto de forma sostenida, demanda proveedores locales, impulsa innovación y deja capacidad instalada.
  • Un proyecto extractivo requiere grandes inversiones iniciales, pero emplea proporcionalmente a menos trabajadores, concentra renta y depende de decisiones corporativas externas y precios internacionales.

No se trata de demonizar la energía o la minería, sino de entender su lugar real en una estrategia de desarrollo. Por sí solas, no construyen una economía diversificada ni generan empleo masivo.

Inversiones que rotan, no que expanden

Otro punto clave que destaca el Financial Times es que muchas de las operaciones recientes no son nuevas apuestas productivas, sino ventas de activos existentes. Empresas que se retiran venden a otros jugadores —muchas veces locales— sin que eso implique mayor producción ni más trabajo.

Es decir: hay movimiento, pero no necesariamente crecimiento. Cambia el dueño del activo, no la estructura económica. Por eso la inversión extranjera directa termina siendo negativa: entran dólares por ventas, pero no llegan capitales frescos que amplíen la frontera productiva.

Empleo: la variable que no cierra

El sesgo extractivo tiene una consecuencia directa: limita la capacidad de generar empleo de calidad. La industria sigue siendo, en todo el mundo, la principal fuente de trabajo formal, salarios estables y movilidad social. El extractivismo, en cambio, no puede cumplir ese rol, por más dólares que genere.

Para provincias como Neuquén, esto se traduce en una paradoja conocida: crecen las exportaciones y la producción, pero el impacto social es acotado, concentrado y, muchas veces, temporal. El empleo crece menos que la inversión y la renta no siempre queda en el territorio.

El costo ambiental que no aparece en el balance

El artículo del Financial Times enumera inversiones millonarias en energía y minería, pero —como suele ocurrir en la prensa financiera global— el impacto ambiental queda en segundo plano. Sin embargo, para las comunidades donde se desarrollan estos proyectos, ese impacto es concreto: uso intensivo del agua, residuos, presión sobre infraestructura, conflictos territoriales y pasivos ambientales que permanecen cuando el capital se retira.

La ecuación es conocida: las inversiones que llegan son las que menos empleo generan y más impacto ambiental dejan, mientras que las que podrían diversificar la economía y generar trabajo sostenido siguen sin aparecer.

El límite real del experimento económico

El informe del Financial Times deja al descubierto una verdad incómoda: la apertura y la desregulación no garantizan desarrollo industrial ni empleo, solo facilitan el ingreso de capital allí donde la rentabilidad es rápida y el compromiso territorial es bajo.

El desafío de fondo no es atraer inversiones a cualquier costo, sino definir qué tipo de inversiones necesita el país. Sin una estrategia productiva que priorice valor agregado, industria, empleo y cuidado ambiental, la Argentina corre el riesgo de profundizar un modelo primario-exportador, con alta dependencia externa y bajo impacto social positivo.

El capital puede llegar. De hecho, llega.
La pregunta —que el Financial Times deja flotando— es qué queda cuando se va.

 Fuente: Financial Times – “Javier Milei battles to bring multinationals back to Argentina”.

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